3. Tómese un descanso de los alimentos refinados

Los alimentos refinados, como la harina blanca, el azúcar y el pan, han sido fuertemente procesados y modificados respecto a su estado orgánico original, alterando su textura y sabor. Aunque esto se hace para aumentar la vida útil de los alimentos y hacer que sepan mejor, los alimentos refinados pierden muchos nutrientes y a menudo contienen azúcares añadidos y sustancias químicas que provocan toxinas.
Nuestros cuerpos simplemente no están equipados para procesar los alimentos refinados tan eficientemente como los alimentos integrales no procesados, en parte debido a su bajo contenido en fibra. Los alimentos refinados tienen más calorías que sus homólogos integrales y un estudio del Instituto Nacional de Salud descubrió que comerlos en exceso aumenta la hormona del hambre, la grelina, que conduce a comer en exceso y a la obesidad.
Cuando come productos refinados, provoca picos de insulina en su cuerpo, lo que crea inflamación y toxinas. Esto no sólo significa que es probable que experimente bajadas de energía, sino que, como la insulina regula el sueño, también puede significar que su sueño sea más interrumpido. Los alimentos refinados también ralentizan el paso de los alimentos por el colon, lo que significa que su cuerpo absorbe más toxinas a medida que los alimentos se pudren y se descomponen.
Si necesitaba que le convencieran para reducir los alimentos refinados, creemos que no hay mejor razón para deshacerse de ellos que vivir más tiempo: un estudio de la revista médica británica descubrió que comer más de 7 raciones diarias de cereales refinados reducía la longevidad en un 27%.