2. Refrescos

Los refrescos habituales contienen varias cucharaditas de azúcar por ración, y el consumo regular de demasiado azúcar puede provocar aumento de peso, obesidad, diabetes de tipo 2 y caries. Si a esto le añadimos el hecho de que los niños suelen tener antojo de dulces una vez que han estado expuestos a ellos, sencillamente no es una buena idea darles bebidas gaseosas.
También deben evitarse los refrescos “dietéticos”, ya que se les da un sabor dulce mediante el uso de edulcorantes artificiales. Un estudio de Harvard de 2013 encontró una relación entre los edulcorantes artificiales y el aumento de peso. Los investigadores creen que esto se debe a que el cerebro hace que a nosotros y a nuestros hijos se nos antojen los alimentos dulces después de consumir el “falso dulzor” de los edulcorantes artificiales.
Resumen:
Las bebidas blandas, incluidas las versiones dietéticas o bajas en calorías, no deben darse a los niños debido a sus efectos negativos para la salud, como el aumento de peso, un mayor riesgo de desarrollar enfermedades relacionadas con el estilo de vida y la pérdida de dientes. El agua y los zumos de frutas naturales diluidos son una mejor opción.