7. Semillas de granada

La granada se ha utilizado como remedio medicinal durante siglos, pero sólo recientemente la ciencia ha demostrado que los beneficios de las semillas y el aceite que contienen son algo más que un cuento de viejas. El aceite de semilla de granada ha sido bautizado como un poderoso elixir de la juventud, ya que es rico en el antioxidante ácido punícico omega 5, que ayuda a combatir el daño de los radicales libres y a alejar los efectos del envejecimiento prematuro.
El aceite de semilla de granada también contiene el isoflavonoide equol, que se sabe que ayuda a proteger contra el cáncer de piel – un estudio descubrió que el equol redujo significativamente el riesgo de cáncer de piel en ratones que fueron expuestos deliberadamente a toxinas conocidas que causan cáncer.
La ciencia ha descubierto que la granada tiene un efecto positivo sobre la presión arterial y ayuda a reducir los niveles de inflamación y a neutralizar los efectos de los radicales libres en el organismo. Esto es importante porque el riesgo de enfermedades del corazón está relacionado con la presión arterial alta, que aumenta con la edad, mientras que el estrés oxidativo de los radicales libres es un factor que contribuye a muchas enfermedades, incluyendo el Alzheimer y el Parkinson.
Uno de los secretos del notable poder antioxidante de las semillas de granada es la urolitina A, que repara las mitocondrias; aunque en realidad no contienen esta supermolécula, sí contienen un precursor de la misma, que es convertido en un compuesto activo por los microbios de su intestino. Investigadores franceses encontraron que la esperanza de vida de los gusanos a los que se les administró urolitina A aumentó en más de un 45% – pero como los granos de granada también están repletos de tantos otros beneficios antienvejecimiento, ¡creemos que esta fruta rosada y regordeta es un producto imprescindible de todos modos!