2. Alimentos fermentados

Los alimentos fermentados son ricos en probióticos, que son bacterias, virus y protozoos respetuosos con el intestino que contribuyen al conjunto de microbios de nuestro intestino, conocido como microbiota. Un intestino sano tiene una microbiota próspera y se está convirtiendo en uno de los aspectos más estudiados de la salud humana. Los estudios han relacionado un intestino sano con absolutamente todo, desde una digestión saludable hasta una buena inmunidad e incluso una buena salud mental.
Un intestino sano también ayuda a protegernos de la inflamación crónica que puede conducir a enfermedades crónicas del estilo de vida como la diabetes de tipo 2, las enfermedades cardíacas y, fundamentalmente, el aumento de peso y la obesidad. Una microbiota próspera conduce a una mejor función cognitiva y salud mental, ya que dos tercios de nuestras hormonas de la felicidad, como la endorfina y la serotonina, se producen en el intestino.
Los alimentos fermentados incluyen la kombucha, el kéfir, el kimchi, el miso, el chucrut, los encurtidos y el tempeh. Suelen ser económicos y fáciles de incorporar a las comidas. También hay pruebas científicas de que los alimentos fermentados pueden ayudar a reducir los antojos de azúcar. Esto se debe a que los probióticos mejoran el control glucémico del organismo, lo que puede ser beneficioso para el control de la diabetes.
Los alimentos fermentados son especialmente eficaces cuando se combinan con suplementos probióticos, y pueden ayudar al intestino a recuperarse del tratamiento con antibióticos que pueden matar las bacterias sanas además de las patógenas que tratan.