Ser activo

La actividad física es una gran manera de reducir la ansiedad. Te saca de casa o de la oficina y te obliga a centrarte en algo que no sean los problemas que te rondan la cabeza. También es bueno para tu bienestar físico, que a su vez ayuda a tu salud mental.
Cuando haces ejercicio, produces hormonas “felices” como la serotonina y la dopamina. El ejercicio también reduce los niveles de cortisol, la hormona presente cuando estamos ansiosos o estresados, la hormona responsable de nuestro modo “lucha o huida”. Se cree que estar físicamente activo y relativamente en forma ayuda a nuestros cerebros a hacer frente a los desafíos psicológicos. Si te encuentras en una situación estresante que te produce ansiedad, estar físicamente en forma te ayuda a lidiar con el estrés añadido.
No hace falta ser un aficionado al gimnasio para sentir los beneficios del ejercicio y la actividad física. La clave es asegurarse de que se realiza actividad física de forma regular. Esto puede ser pasear al perro todos los días, bailar en el salón, subir las escaleras en lugar del ascensor o simplemente dar unas cuantas vueltas a la manzana. Intenta hacer al menos tres horas de ejercicio regular a la semana, repartidas en pequeños trozos.